lunes, 4 de enero de 2016

CÓMIC ÁRABE: RESISTENCIAS DESDE LAS VIÑETAS



   El cómic árabe constituye un género literario en auge que recoge muchas de las expectativas y aspiraciones de la sociedad árabe actual.
    Tradicionalmente, sus mayores focos de producción han sido Líbano y Egipto, aunque hoy día ésta ha aumentado y se ha extendido por el Magreb y el Golfo. Son importantes las publicaciones seriadas en revistas como “Tok-tok” en Egipto, la marroquí “Skefkef”, “Lab619” en Túnez, o “Samandal” en el Líbano. Las influencias de las que los autores se sirven tanto en el guión como en el dibujo resultan muy variopintas, desde recursos narrativos y parecidos estéticos con la industria japonesa del manga como con la ciencia ficción superheroica norteamericana, si bien esto no quiere decir que los autores de cómic se encuentren totalmente abstraídos del medio donde sus obras se producen, publican y se venden, al contrario, la inspiración estética en lo occidental se combina con temáticas que se extraen de problemáticas de los pueblos árabes, baste como ejemplo de acercamiento a los potenciales lectores el hecho de que se suele escribir en árabe dialectal.
    Aunque el cómic es un género literario cuya variedad va en aumento, dos son las principales temáticas que podemos encontrarnos: cómic de crítica social y cómic de superhéroes. 
Viñeta de "Diario de una chica árabe"
    En el primer caso, son abundantes los cómics específicamente feministas, como “Diario de una chica árabe”, de Ahmad Qatato, jordano afincado en Italia, que narra las vivencias cotidianas de tres mujeres cuyas conversaciones nos hablan sin tapujos sobre libertad sexual o el velo. Pero es quizá más sobresaliente la presencia y el peso de autoras de cómic en la industria en general si se compara con las grandes corporaciones norteamericanas. Podemos contar con ejemplos como “Shakmagia”, publicación satírica que defiende el cumplimiento de los derechos humanos en Egipto, o "Yogurt con mermelada o cómo mi madre se hizo libanesa", de Lena Merhej, precursora de todo el género, donde relata la integración de su madre libanesa migrante en la sociedad alemana. Igualmente, existen obras donde el mensaje feminista viene representado de formas más indirectas e imaginativas: Safia Ouarezki, de Argelia, en "Fátima emparaguada" narra su crítica a ciertos tabúes sociales a través de una mujer coleccionista de paraguas que supuestamente estaría loca, o Joumana Medlej, libanesa, que introduce subtextos feministas desde el formato de los superhéroes con su personaje “Malaak”.
Viñeta de "Malaak"
    En cuanto a los superhéroes, será aquí donde estéticamente se note una influencia mayor sobretodo de la industria norteamericana, pero a diferencia de ésta, donde iconos como Batman o Superman supusieron la cooptación de la tradición izquierdista del género noir del que el cómic es heredero, los superhéroes árabes se muestran más cercanos a la crítica que acompañaba a las novelas de Dashiell Hammett o Raymond Chandler. Se puede ver en el cómic “Los 99” (por los noventa y nueve nombres de Dios), de Naif Al-Mutawa, donde un equipo de superhéroes cada uno de un país musulmán disitnto (reflejando así su diversidad), se dedica a combatir a enemigos de su entorno siendo recurrentes los que representan los fanatismos y la reproducción de diversos tópicos sociales.

Portada de "Metro"
    Esta politización ha llevado a autores y revistas a ser víctimas de censura y persecución por parte de distintos Estados, como la prohibición y detención del autor y editor de la novela gráfica “Metro”, que denunciaba la corrupción del régimen de Mubarak, o la revista “Samandal”, bajo el pretexto de haber utilizado una expresión popular usada para denotar disconformidad (“voy a quemar tu religión”), como indicio de ataque premeditado al cristianismo. 


Enlaces de interés: 
 Entrevista a Pedro Rojo, comisario de la exposición "Cálamos y viñetas. Cómic árabe en movimiento": http://www.atalayar.com/content/entrevista-pedro-rojo-%E2%80%9Cen-el-c%C3%B3mic-%C3%A1rabe-hay-una-fuerza-y-una-creatividad-que-est%C3%A1n-tirando 
Conferencia realizada por Naif Al-Mutawa, sobre su cómic "Los 99": https://www.youtube.com/watch?v=gqY20aY_6Nk

Heavy metal: válvula de escape
 
En muchos países del mundo árabe se sabe que la libertad de expresión es prácticamente nula debido a la censura aplicada por las autoridades. Fruto de la violencia, la corrupción de los gobiernos autocráticos y la pobreza de muchos de estos países la gente cada vez más se atreve a expresar su opinión utilizando cualquier medio ya sea una manifestación, un cuadro, una película, un poema o también a través de la música.

La música se ha convertido en un método de expresión muy potente hoy en día. La letra o la melodía de una canción pueden llegar a tener mensajes muy sugerentes que penetran en los distintos estratos sociales y pueden ser usados como protesta en situaciones de descontento y represión o también para escapar de la realidad y solo por unos minutos colmarse de paz.
 
El género musical del heavy metal se inició en Gran Bretaña a mediados de los años sesenta. Rápidamente empezó a llegar a todos lados del mundo como un género rompedor y duro que captó la atención sobre todo de los más jóvenes. Pero no llego de la misma forma a los distintos continentes debido a la intransigencia política y religiosa delante de un tipo de música tan dura y según que ocasiones asociada a prácticas satánicas.  
 
En el mundo árabe el heavy metal ha sido duramente golpeado al restringir su práctica y disfrute a los jóvenes, que a través de escuchar  la música y también interpretarla con sus instrumentos se han podido evadir de la violencia que suele rodear a muchos de ellos en sus respectivos países. Una de las expresiones más grandes y abierta que se encuentra en el Oriente Próximo del Heavy Metal es el Desert Rock Festival que se celebra en Dubái. Allí acuden miles de personas amantes de esta música para poder disfrutar sin temor a ser perseguidos y acusados de prácticas oscuras.
 
La realidad de este género en los distintos países árabes se aleja mucho del idílico ambiente del Desert Rock Festival. Su práctica y disfrute son duramente castigados en países como Irán, Arabia Saudí o el Líbano,  tal como describen algunos fans en el documental Global Metal, en la parte que hace referencia al metal en esta zona del mundo. A menudo llevar una camiseta de un grupo de música determinado o llevar el pelo largo bastan para poder ser acusados de prácticas satánicas y posteriormente encarcelados.
 
 
 
 
Los músicos siempre se encuentran en el punto de mira de las fuerzas de seguridad. La banda iraquí Acrassicauda fue objeto de acusaciones y atentados durante el período de la ocupación del país en el año 2003 y el caos posterior a esta. Sus miembros cuentan su día a día en el documental Heavy Metal in Baghdad, en el que muestran cómo puede llegar a ser perseguida una persona por tener afición a este estilo musical. No se vinculan ni con la religión ni la política, que es también el caso de muchos jóvenes que siguen esta música, ellos solo quieren disfrutar tocando sin que la problemática política o religiosa  afecte su modo de vida.
 
 
El heavy metal es una pasión que debe ser respetada en cualquier lugar. Su uso y disfrute sirven en la gente del mundo árabe como válvula de escape a los problemas constantes que sufren debido a las guerras, al terrorismo y a la gestión de sus déspotas gobernantes. Es una forma de vida que no se permite que siga su camino al igual que muchos otros derechos que hoy en día no existen en estos países.
 

Las series de televisión como poder blando de Turquía. ¿Neo-otomanismo cultural?


Mucho se ha escrito desde la llegada al poder del AKP de Erdoğan en 2002 sobre la creciente influencia de Turquía como potencia regional en Oriente Medio, e incluso como potencia emergente a nivel mundial.  La mayoría de análisis se suelen centrar en el fuerte crecimiento económico de los últimos años, en su enorme capacidad militar o en su influencia diplomática multilateral (ejemplificada por el éxito inicial de la política de “cero problemas con los vecinos”, al menos hasta el estallido de las Primaveras Árabes). Sin embargo, son menos los analistas de relaciones internacionales que destacan la creciente influencia cultural turca en otras partes del mundo (especialmente en los antiguos territorios del extinto Imperio Otomano), componente fundamental de lo que Joseph Nye acuñó como poder blando (soft power).


Cartel promocional con los principales personajes de la serie Muhteşem Yüzyıl.

De la misma forma que la proyección internacional de Hollywood ha sido y es fundamental para entender la posición de EE.UU. como superpotencia mundial, el máximo exponente de la industria cultural de masas de origen turco es también audiovisual, aunque no tanto por sus largometrajes, sino por sus producciones de ficción televisiva. El auge en la producción de telenovelas y series de ficción en Turquía es un fenómeno relativamente reciente, comenzando a partir del año 2005 con el éxito sin precedentes de la telenovela Gümüş (“Plata”).

Trailer de la serie Gümüş (en turco, subtitulado en inglés)

Si en 2004 la exportación de ficción televisiva turca generaba apenas 10.000 dólares, en 2012 esta figura había aumentado hasta los 200 millones de dólares, casi doblando la facturación cinematográfica nacional total. Sería imposible enumerar todas las telenovelas que han tenido éxito fuera de Turquía en la última década, pues las más de 50 producciones anuales inundan muchos países árabes y balcánicos como hace unos años la televisión española era colonizada a la hora de la siesta por las telenovelas mexicanas y venezolanas, pero esta vez además en prime time. No obstante, no se puede dejar de mencionar Aşk-ı Memnu (“Amor Prohibido”), emitida entre 2008 y 2010, adaptación en el Estambul contemporáneo de la novela homónima de 1899. La trama, como indica el título, está llena de poliedros amorosos (porque los triángulos se quedan cortos) entre los personajes, que complican hasta límites inimaginables la vida de estos miembros de la jet-set estambulí, hasta su dramático final en 2010, en un último capítulo que batió todos los records, logrando un impresionante 74% de cuota de pantalla.

Trailer de la serie Aşk-ı Memnu (en turco, subtitulado en inglés)

La mezcla de importantes similitudes culturales y lingüísticas con un cierto exotismo y un contenido más liberal (estando el alcohol y el amor preconyugal muy presentes) puede explicar el gran éxito de audiencia de estas producciones en los países árabes. Sin embargo, no todo son telenovelas de complicadas tramas amorosas, también hay espacio para otros géneros, entre ellos la ficción histórica. Siguiendo una tendencia mundial que comenzó con la anglosajona “Los Tudor” y que en España ha pegado fuerte primero con “Isabel” y recientemente con “Carlos, Rey Emperador”, en Turquía también tienen su equivalente: Muhteşem Yüzyıl (“El siglo magnífico”), emitida entre 2011 y 2014, cuya trama se desarrolla en torno al reinado del sultán Süleyman el Magnífico durante la primera mitad del S.XVI, periodo de máxima expansión y gloria del Imperio Otomano. La maratoniana serie, compuesta por nada menos que de 139 capítulos de prácticamente dos horas de duración, contó con casi 5 millones de dólares de presupuesto y ha sido vendida a más de 56 países.

Trailer de la serie Muhteşem Yüzyıl (en turco, subtitulado en inglés)

Pese a su evidente éxito de audiencia dentro y fuera de Turquía, esta macro producción no se ha librado de duras críticas. En Turquía y en algunos países árabes los sectores más conservadores la han calificado como inmoral, como ya había pasado antes con otras series, en este caso por la excesiva relevancia en la trama de las intrigas del harén y la omnipresencia de escotadas concubinas, que dibujan un ambiente cortesano dominado por la lujuria y el hedonismo que consideran impreciso históricamente e impropio de la cabeza política del Imperio y Califa de los musulmanes suníes; incluso el propio Erdoğan se manifestó públicamente en este sentido. Por otro lado, en los Balcanes, donde la serie ha sido líder de audiencia en varios países, grupos nacionalistas han denunciado estas adictivas series turcas como una influencia neo-imperial por un poder externo que les tuvo subyugados durante siglos. Por ejemplo, en Grecia, tanto el partido de extrema derecha Amanecer Dorado como el obispo ortodoxo de Tesalónica se han manifestado en contra de la serie al considerar que es una forma de rendición frente a los turcos. Pero el caso más llamativo se encuentra en Macedonia, donde el parlamento aprobó en 2012 una ley que prohibía emitir series de origen turco en televisión, reemplazándolas con producciones nacionales.

Volviendo a Nye y al ámbito de las relaciones internacionales, el influjo de la ficción televisiva turca en aquellos países que hace apenas un siglo ganaron la independencia del Imperio Otomano podría interpretarse como la dimensión de poder blando de una estrategia neo-otomanista promovida desde Ankara. El neo-otomanismo es un término acuñado por los críticos nacionales e internacionales del AKP para referirse a la doctrina que propugna una visión de continuidad histórica de la República con el legado otomano (frente al énfasis kemalista en la ruptura), que en política exterior se ve reflejado por un giro hacia Oriente Medio y los Balcanes, abandonando el tradicional enfoque europeísta y pro-occidental.

Erdoğan rodeado de guardias vestidos con armaduras tradicionales otomanas
en una recepción oficial en el Palacio Presidencial de Ankara en enero de 2015.

Si bien es cierto que las series turcas generan las mayores audiencias precisamente en los antiguos territorios otomanos, se trata de un fenómeno más amplio que también se ha extendido a países túrquicos de Asia Central y a otros países musulmanes no árabes como Pakistán. Además, como ya se ha mencionado, el gobierno del AKP se ha mostrado tremendamente crítico con muchas de estas producciones televisivas, pues el supuesto libertinaje que reflejan no corresponde con la “moral propia de Turquía” que el partido de Erdoğan defiende y promueve. Por tanto, no podemos afirmar que el impacto internacional de las series turcas forme parte de un ambicioso plan neo-otomanista del gobierno en política exterior, pues aunque algunos de los efectos del fenómeno televisivo turco coinciden con los planes de Ankara, los valores sociales con los que se representa al país a través de la pequeña pantalla entran en directa contradicción con el proyecto de islamización social del AKP. Así, vemos como los instrumentos de poder blando que se enmarcan dentro de la llamada diplomacia cultural, directamente controlados por el ejecutivo (como el instituto lingüístico Yunus Emre o la agencia para la cooperación y el desarrollo TIKA), promueven una visión de la sociedad turca en abierta contradicción con lo que los telespectadores internacionales perciben a través de la industria cultural más secular e independiente del gobierno. Esta contradicción no es ni mucho menos negativa, pues refleja la realidad plural de la sociedad turca que, pese a los deseos del “sultán” Erdoğan, es imposible de ocultar.



Sufismo y caligrafía árabe contemporánea: Nuria García Masip


Sufismo y caligrafía árabe contemporánea: Nuria Garcia Masip[1]

La caligrafía árabe contemporánea presenta un panorama tan variado como sugerente. Las vanguardias caligráficas han roto con la tradición e investigan diferentes enfoques. Surgen calígrafos con trayectorias personalísimas como el sirio Munīr al- Ša’rāni quién explora nuevas formas al tiempo que encuentra inspiración y contenidos en la poesía de   Ibn ‘Arabī o  Niffarī. Nacen nuevos movimientos como el « grafismo árabe » ( الحروفية العربية )donde la letra adquiere dimensión y protagonismo propio y cuyo principal impulsor, el iraquí Šakir Ḥasan al-Sa’īd  concibió bajo un marcado ‘sesgo sufí’[2]. Junto a todos ellos las escuelas caligráficas tradicionales siguen presentes en nuestros días. Nuria García Masip nacida en Ibiza en 1978  se enmarca dentro de estas últimas. Ha recibido su diploma de caligrafía ( إجازة ) de tres de los más destacados calígrafos de la tradición otomana: D. Bektas, M.Zakariyya o H.Çelebi. En el vídeo https://www.youtube.com/watch?v=_t3n6bFtgBc  podemos ver imágenes de la caligrafía de H. Çelebi acompañadas del sonido del ney, un instrumento profundamente ligado al sufismo y muy especialmente al sufismo mevlewí , inspirado  en la vida y obra de Rūmī. No en vano el qalam del calígrafo y el ney no son sino una misma cosa: una caña cortada y vaciada. Música y caligrafía nos dirán los sufíes, siguen unas mismas reglas  compositivas; los maqamats o modos musicales propios de las músicas del Islam pueden compararse con los diferentes estilos caligráficos. Como recordaba Alessandro Baussani con motivo de la exposición « Arte y Sufismo » celebrada en Damasco en 2011, la tradición islámica prevé unas proporciones musicales entre la anchura de los trazos y su longitud, así como en su relación con los puntos y círculos que la conforman[3]. Punto y círculo no son solo uno de los mimbres de los que se sirve el calígrafo sino también  dos símbolos de honda significación en el sufismo.






        "La vista no Le alcanza, pero Él sí que alcanza la vista. Es el Sutil, el Bien Informado." Corán 6:103.
         En el centro caligrafía ‘en espejo’ del pronombre hū  ‘Él’ .


El sufismo es una mística de la circularidad. Su pensamiento, sus métodos y su estética así  lo reflejan. El girar de los derviches en el sama mevlewí igual que la circunvalación de los peregrinos alrededor de la Ka’aba son solo dos ejemplos de ello. La orientación del giro,  la de la circunvalación y  la de la escritura es siempre la misma, de derecha a izquierda, esto es, en sentido contrario a las agujas del reloj y en dirección al corazón,  lugar simbólico nos dirán los sufíes, donde tiene lugar la experiencia unitiva.


 




                                                                 Caligrafías ‘en espejo’.  “Luz sobre Luz”. Corán 24 :35.

El corazón del hombre como órgano sutil capaz de convertirse en ‘espejo’ que refleje las múltiples manifestaciones de la Única Realidad  es un tema capital  en el sufismo. Espejo y reflejo son imágenes muy presentes en el pensamiento de Ibn ‘Arabī para aludir a la realidad del hombre y del universo. En su Fuṣūṣ al-ḥikam comenta en profundidad el  rico simbolismo del espejo en relación al hadiz profético: ‘ el creyente es el espejo del creyente‘ ( المؤمن مرآة المؤمن ). Rūmī se referirá a ello en la ‘historia de la discusión entre los bizantinos y los chinos sobre el arte de pintar y de hacer retratos’ recogida en su Mathnawī. La arquitectura en el Islam no ha dejado de hacerse eco de ello de múltiples maneras. Buen ejemplo de ello es la profusa utilización de estanques como los  situados  en el Palacio Čihil Sutūn  o de las Cuarenta Columnas de Iṣfahān, los de la Alhambra de Granada, los del Taj Mahal en Agra, los de la Aljafería de Zaragoza o el gran estanque de Ḥārūn Minār cerca de Lahore









[1] Las imágenes de las caligrafías están tomadas de la página de Nuria García Masip : www.nuriaart.com
[2] PUERTA VILCHEZ, J.M. ( 2007 )  La aventura del cálamo. Granada: Edilux, p. 322
[3] Catálogo de la exposición ‘Arte y sufismo’. Instituto Cervantes de Damasco, 2011

domingo, 3 de enero de 2016

La barrera israelí: un Virus dentro del muro de “seguridad”.

«Si cedes la libertad para conseguir la seguridad, pierdes las dos». Benjamin Franklin


El primer impacto del muro, en la ciudad de Belén (Fotografía: Carlos Pérez Cruz)

























Una barrera que separa vidas, aísla a unos de otros, divide a los “buenos” de los “malos”, protege lo que les pertenece por “ley divina”, impide, desespera, refugia, convierte en amenaza y en víctimas, crea fantasmas en las mentes, controla, avanza, acapara, se hace más alto, sirve de lienzo, destroza el paisaje, fomenta el odio y el miedo, evita la alianza, no deja pasar, no deja escapar, hace que los caminos sean más largos para unos y más cortos para otros, evita que entren, que se hablen, que se vean, que se escuchen.








Por el futuro de todos, el muro debe caer, ya lo dijo Pink Floyd con una canción que el paso del tiempo le dio un enfoque político centrado en las guerras y la separación entre las naciones. Una canción que suena a esperanza para unos y a temor para otros:
 https://www.youtube.com/watch?v=YR5ApYxkU-U  Another brick in the Wall.



Naharin’s Virus: Plastelina-Palestina

 Un conflicto bélico, que parece no tener fin, ha marcado a la juventud de Israel;  país este carente de tradición de danza  escénica importante, pero que con el tiempo ha dado a luz a una danza moderna norteamericana en Tel Aviv.  Su director, Ohad Naharin, ha llevado a cabo obras muy polémicas, como Virus: un baile visceral y de gran fortaleza que expresa el sufrimiento de los que viven tras el muro. Los trece bailarines se mueven en un conjunto coral, entrenados como si fueran un pelotón de soldados, realizan sinuosos y complicados bailes con el fondo de un muro negro en el que va apareciendo  la palabra “Plastelina” en grandes letras escritas en tiza junto con otras frases sobre la velocidad o sobre el mundo, escritas en hebreo y otros idiomas. Al final el muro queda envuelto en un enjambre de letras y va cobrando vida mientras los bailarines saltan, se deslizan y cuelgan de él.

Plastelina: sin duda la palabra plantea un juego en el que pretende con su cambio de significado transformar y moldear algo sólido lleno de distensión y conflicto. Un molde que puede tomar las formas que cada uno quiera, sin barreras ni impedimentos.

En uno de los dibujos dentro del gran grafiti aparece el triángulo de Dios, en tiza blanca, sobre el cual una mujer pinta una llamarada roja, simbolizando la sangre, como si Dios llorara lágrimas de sangre y se desgarrara de dolor. En otra esquina del muro, una bailarina gira una gran tiza formando un círculo alrededor de la letra «A», el símbolo mundial de la paz.


















Al final de la obra uno no solo ha visto una coreografía, también ha sentido una forma sublime y extraordinaria de experimentar el dolor. El dolor de la guerra. El dolo por la paz.



 “ - Dile otra vez que ésta es nuestra tierra prometida. 
- No le digas que decían que era una tierra sin pueblo.
- No le digas que yo no habría venido de haberlo sabido. 
- Dile que quizá podamos compartirla.
- No le digas eso.”
 Caryl Churchill,  fragmento de la obra de teatro Siete niños judíos.

La tradición ecuestre en el folclore árabe

Los caballos forman parte de la cultura árabe desde tiempos remotos. Como un elemento identitario más, desde siempre han servido para las diferentes tribus, como por ejemplo los amazigh, de caballos de guerra por sus características acordes a ello pero en los últimos años estos equinos han cambiado su “utilidad” bélica para convertirse en animales de exhibición.

En la cultura árabe los caballos tienen un espacio privilegiado, pues cuenta la leyenda que fue Dios quien creó al equino a partir del viento del sur:

Un día le dijo Alá al Viento del Sur:
—Conviértete en sólida carne porque quiero hacer de ti una nueva criatura, para que me honre y humille a mis enemigos y para que sirva a aquellos que están bajo mi potestad.
Y el Viento del Sur respondió:
—Señor, hágase según tu deseo.
Entonces Alá tomó un puñado de viento y sopló sobre él, creando el caballo y diciendo:
—Te llamarás Árabe y la virtud inundará el pelo de tus crines y tu grupa. Serás mi preferido entre todos los animales porque te he hecho amo y amigo. Te he conferido el poder de volar sin alas [...] porque del viento vienes y viento debes ser en la carrera.

Asimismo, Mahoma fue a lomos de Lazlos (“Caballo del desierto”) como entró a La Meca cuando sus fieles la tomaron en el año 630. En el Corán ha quedado escrito que “El diablo nunca osará entrar en una tienda donde habite un caballo árabe”.

Por todo esto, y siguiendo las palabras y preceptos religiosos islámicos, el caballo es un animal que forma parte desde tiempos ancestrales —incluso preislámicos— de la tradición e identidad de los pueblos árabes, tanto en ámbitos culturales (en sus celebraciones), como bélicos (en las batallas) o como utilidad social (animal de caza o de transporte).

Libios llegan victoriosos de una batalla contra los italianos.

Además, mandatarios como Gadafi ensalzaron la figura simbólica del caballo en ocasiones tan importantes como su proclamación como jefe del nuevo régimen en 1969 tras su golpe de Estado, dirigiéndose al pueblo a lomos de su equino como símbolo de grandeza, tal y como hiciera el profeta Mahoma en el año 630.
Gadafi en el año 1969.

Así pues, actualmente en diferentes regiones del norte de África, como Marruecos o Libia, el caballo es el elemento folclórico principal de celebraciones tan importantes como las bodas —siguiendo la tradición de sus ancestros—, en las que los equinos son vestidos y decorados con sus mejores galas (en árabe عقد) para realizar una carrera entre todos los cuadrúpedos presentes, a modo de exhibición; y no sólo los caballos sino que los jinetes también se engalanan, pues se visten con túnicas blancas y atuendos tan tradicionales como folclóricos para celebrar el casamiento.

Caballos ataviados en una celebración en Zintan (Libia).  
  

  
La cultura y folclore árabe se componen, por tanto, de diversas manifestaciones en muchos ámbitos de la vida cotidiana de los pueblos, en las que participan tanto las personas como los animales. A pesar de los años y siglos que han pasado, se siguen celebrando este tipo de festejos que pasan de padres a hijos, en los que predomina el júbilo pese a la devastación que actualmente asola muchas regiones, como el caso libio que se ha señalado anteriormente o como en otros territorios donde las festividades y la vida siguen a pesar de todo, como muestra de la identidad que no se quiere ni debe perderse.


 

LOS "MOROS" QUE MUERIERON POR ESPAÑA

Los cementerios constituyen un espacio donde se refleja nuestra historia política reciente. En ellos, se encuentran resquicios de la guerra civil española, vencedores y vencidos, aún hoy una cuestión sin resolver. Se impuso una memoria oficial. Fruto de esa memoria oficial, existe un silencio en torno a la reclutación de soldados marroquíes, los soldados del Tercio de Regulares de Marruecos, que fueron forzados a combatir en el bando franquista y utilizados como carne de cañón. 

Por ejemplo, durante la batalla de El Escamplero, en la ofensiva a Oviedo, se escuchaba en la zona republicana: "¡Qué vienen los moros!". El cementerio musulmán de Barcias (Asturias), conocido como el Cementerio Moro, fue construido en 1936 para enterrar a las bajas marroquíes. Aunque hoy está es desuso y abandonado, se llegaron a cabar hasta 300 tumbas.

 


Una significativa proporción de los cementerios musulmanes fueron creados durante la guerra civil española para enterrar a los soldados marroquíes que combatieron en el ejército de Franco.

Actualmente bajo el nombre de "Casa de las Palabras", existe un cementerio en la Coruña construido con el mismo fin que el anterior. No hay que olvidar que la ciudad de A Coruña fue una de las principales bases de retaguardia del ejército franquista,que conjuntamente con la de Ferrol, servía de apoyo a las tropas que combatían en el frente Norte. La mayoría de los cuerpos fueron repatriados tran la independencia de Marruecos en 1957 poniendo fin al Protectorado español en el país magrebí.









En Talavera de la Reina (Toledo) encontramos otro cementario musulmán donde El Grupo de Fuerzas Regulares de Tetuánº 1 les dedicó en el año 1939 un emblema de cerámica con la siguiente leyenda: "EL GRUPO DE REGULARES DE TETUAN Nº 1 A SUS COMPAÑEROS MUSULMANES CAIDOS POR ESPAÑA".


Existen más cementarios musulmanes construidos durante la Guerra Civil que hoy han sido recuperados para su uso como espacios de inhumación cuya gestión está repartida entre el consistorio local y las comunidades musulmanas locales. Son recintos reservados aunque algunos de ellos no se sitúan en el mismo emplazamiento que el antiguo cementerio. Destacan los de Granada, Sevilla, Córdoba, Zaragoza, Burgos y León. 

El historiador hispanista Boughaleb El Attar publicó un artículo en el diario el El País cuya reflexión merece ser leída: "La mayoría de los soldados marroquíes que participaron en la Guerra Civil están ya muertos. No fueron ni traidores ni asesinos. Fueron sencillamente víctimas del hambre, de la pobreza y de la colonización, a los que se les pagó un sueldo ridículo y de miseria por colocarse en primera línea de la guerra. Son los padres o los abuelos de los que hoy vienen en pateras a España".

Por último, destacar a la famosa y temida Guardia de Mora, que no hay que confundir con los soldados rasos marroquíes. La Guardia Mora, una élite militar de origen marroquí, se encargaba de proteger al "Generalísimo" durante la guerra civil y los primeros años de la dictadura hasta la independencia de Marruecos en 1956. Los antecedentes contemporáneos que explican esta controvertida relación se encuentran en el Ejército de África, que fue creado como respuesta a la inquebrantable resistencia de las tribus rifeñas que llevaría a la Guerra del Rif. Al frente de esta unidad militar, Franco y los militares que se sublevaron contra la Segunda República. Lo que sucedió después es historia.