jueves, 14 de enero de 2016

Series de televisión coreanas en el Próximo Oriente: intercambio, coincidencia cultural y la historia.

En el 2012 salió en prensa coreana una noticia: el actor Kwang-ryul Jun fue invitado por la primera dama de Iraq, Hero Ibrahim Ahmed. Entre el 1999 y el 2000 él protagonizó en una serie histórica de televisión llamada Hur Jun. Unos años después Fue trasmitida en Iraq y tuvo un gran éxito, y el actor fue muy bien acogido en Iraq. Otra serie histórica coreana, Dae Jang Geum (página oficial en coreano) o Jewel in the Palace (en español, Una joya en el Palacio), se ha hecho famosa en Irán, Turquía y Arabia Saudí. El protagonista de otra serie también histórica, Jumong, visitó Irán en el 2009 tras la transmisión de la serie en el país y sus fans y los periodistas le recibieron.


Escena en Hur Jun en prensa


WallPaper de Una joya en el Palacio. Noticia en el 2014




Este hecho llamó mucho la atención en Corea. No son canciones de K-pop ni series contemporáneas, sino de Historia-Ficción. Tampoco fue planeado para transmitir en el extranjero. De hecho había muchas opiniones para explicar este éxito en los países del Próximo Oriente y encontraron algunas posibles causas:

  1. Para los del “Próximo Oriente” (sin tener en cuenta la realidad, según la imagen de estos países que tiene los coreanos) no les gusta la cultura “occidental”, pero estas series coreanas son moderadamente exóticas sin romper el límite moral. Por ejemplo los personajes en estas series llevan Hanbok, el vestido tradicional de Corea, que cubre casi todo el cuerpo.
  2. La mentalidad en la base de estas series coincidió de alguna manera con el gusto de los telespectadores. El bueno, aunque sufra muchísimo, al final gana, y el malo pierde y es castigado.
  3. Hay menos anuncios que interrumpen, y además, la serie coreana es más breve en comparación con las suyas. No duran muchos años.
  4. En el caso de Jewel in the Palace, la protagonista es una mujer. Ella en el principio es una de las cocineras del palacio. Había escenas muy detalladas y eso atraía a los telespectadores, sobre todo femeninas.


Y en estos días sacan un tema más muy antiguo: aunque es un poco difícil de imaginar, históricamente los países del Próximo Oriente tenían una relación con Corea (es decir, con los antiguos países de la península coreana). Los países árabes y Persia tenían relaciones con el reino de Silla de Corea (57 a.C.- 935 d.C.). En una tumba de la familia real de Silla del s. V fue encontrado un recipiente de vidrio hecho en Siria. Hay estudiosos que defienden que Farārang, una mujer que aparece en Kush Nama de Irán es una princesa de Silla. Siglos después, durante la época de Goreyo en Corea (918-1392), cantaban los coreanos sobre los “señores árabes”. El caso de Turquía, en Corea ha yuna imagen muy familiar y positiva sobre ese país. Estas relaciones eran comerciales y culturales a través de la Ruta de Seda.
De todos modos, estas series de Corea, tan coreanas, tuvieron un éxito significante en los países árabes, Persia y Turquía. Sin embargo en Corea no es conocida su cultura. No conocen casi nadie la famosísima serie turca Muhteşem Yüzyıl (El siglo magnífico en español, también conocida como Suleimán, el gran sultán o El sultán). Las iranias, las de Arabia Saudí o las iraquíes aún menos.
En el mercado cultural de Corea es un elemento beneficiario la relación histórica que tenga alguien o algo extranjero con Corea. Las leyendas extranjeras en las que aparece Corea es un objeto de interés. Podrían ganar un resultado favorable si utilizan estas situaciones, y el intercambio cultural será más enriquecido.

domingo, 10 de enero de 2016

Al Ándalus en África: la tinta como memoria colectiva

Cuenta la leyenda contemporánea que algún extravagante club de viajeros sólo permite el acceso a quienes puedan mostrar en el pasaporte un sello de tinta
que atestigüe su visita a Tombuctú, en Malí. Como si la peripecia de alcanzar hoy el punto más alto de la Curva del Níger compartiera resonancias épicas con las caravanas transaharianas que recalaban en la remota ciudad tras meses de ruta e intercambios de mercancías. Y de trueque de culturas y libros.





Ya en su Descripción de África y de las cosas notables que en ella se encuentran, León el Africano se refiere al comercio de manuscritos que en aquella ciudad florecía en el siglo XIV. Con un gremio de copistas muy reconocido, Tombuctú se había convertido un siglo después en el centro de la intelectualidad y la espiritualidad del África subsahariana, donde la tinta sobre papel, pergamino o vitela era moneda de cambio por su gran valor para las economías de la época. Bibliotecas y particulares en Toledo, Damasco o Bagdad rivalizaban por acumular más y mejores libros.

En 1468, el jurista Alí ben Ziyad al-Quti se exiliaba de su Toledo natal huyendo del fanatismo cristiano para instalarse definitivamente en el País de los Negros (bilād as-sūdān, بلاد السودان), junto a otros andalusíes huidos. Viajaban con él sus libros en árabe, aljamiado y hebreo, en cuyos márgenes iba anotando reflexiones y experiencias. Su primogénito, Mahmud Kati, impulsó la biblioteca familiar y fue el primer historiador africano, autor de la histórica Crónica del viajero. Su legado siguió creciendo, disperso y reunificado una y otra vez, oculto entre las distintas ramas familiares a lo largo de los siglos.


La tradición de glosar los manuscritos pasaba de padres a hijos Kati, y los testimonios de la familia sobre la vida de los andalusíes exiliados en el África Negra y su sueño de Al Ándalus alcanza el siglo XIX.
“Hemos perdido el color; hemos perdido la lengua, pero nos queda la memoria.”
Alí Gao (s. XVII), tatarabuelo de Ismael Diadié

Doce generaciones más tarde, en 1998, los archivos se hacen públicos por el empeño del historiador y filósofo Ismael Diadié y su padre, descendientes de Alí Ben Ziyad.



Se trata de más de 12.000 manuscritos de temática variada y 7.100 notas marginales, con diarios de viajes, censos, actas matrimoniales, etc. En 2003, el Fondo Kati logra concitar el interés del Estado español y dar pie a la creación de la Biblioteca Andalusí de Tombuctú, que se suma a otras instituciones de la memoria en la misma ciudad.

Ismael, primer miembro de la saga familiar que logra regresar a la tierra de su ancestro toledano, afirma: “Aquí en España ya somos gente de fuera. Cuando yo llego, llego como un negrito, como un inmigrante. En África seguimos siendo los descendientes del blanco que llegó en el siglo XV. […] No somos realmente ni de allí ni de acá... ¿Dónde está el suelo donde podemos tener nosotros los pies? Es la biblioteca; es la tinta; es el papel; es la memoria; nuestra única matria es la memoria.”

Una década después de las inauguraciones, la promesa de digitalización de los fondos sigue incumplida. Y a raíz de la ocupación integrista de Tombuctú en 2012, la biblioteca ha tenido que volver a dispersarse y hacer la ruta de Alí ben Ziyad a la inversa para ponerse a salvo y huir del fanatismo religioso una vez más. La historia se repite.

Audio: Javier del Pino entrevista a Ismael Diadié (19 de septiembre de 2015), Cadena Ser:



Aún es pronto para que el Fondo Kati vuelva a Tombuctú. Quizá, metafóricamente, la tinta de los manuscritos andalusíes se haya contagiado del espíritu itinerante y de intercambio de las caravanas que la transportaban en el siglo XV y se proponga sumarse a la lucha contra el fanatismo de la única forma posible: viajando y mezclándose en los márgenes con otras tintas que le son ajenas.  

Galería de fotos de Joseph Hunwick: "The hidden treasures of Timbuktu", http://josephhunwick.com:


Las redes sociales, mina de oro para la publicidad.

-  How do we install the sense of unity in a country 
where the dialogue in the Street has been broken?
 We start online.

(Frase extraída de uno de los vídeos publicitarios premiados en el Dubai Lynx)



Quién supiera cuál es la fórmula mágica para ganar un premio, un concurso. Quién supiera exactamente qué conjugar para conseguirlo, y cómo.

El Festival Dubai Lynx de la Creatividad de Oriente Medio y el Norte de África (miembro de los Lions Festivals, organizadores del Cannes Lions y Eurobest entre otros) llevan 10 años premiando las comunicaciones publicitarias más creativas de la región. Pero, ¿cómo valorar la creatividad publicitaria en una región tan grande y variada?

Dame un tema que conmueva y miles de likes en Facebook, y habrás ganado.



El boom de las redes sociales juega un papel fundamental en la vida social de cualquier país del mundo, pero está ganando un peso sustancial en la demanda social en los países árabes.
Parece que la fórmula mágica para llevarse uno de los premios en el Dubai Lynx pasa por tener una historia que remueva las tripas y tiempo para estallar una revolución publicitaria en las redes sociales. El vídeo publicitario acaba siendo, al final, un mero resumen del éxito conseguido en la campaña virtual. 

Tan paradójico como llevar una camiseta de nike o adidas que sea un cartel publicitario de la marca en sí. El disparate humano de pagar por hacer un servicio, de formar parte del proceso de producción y comprar el producto final con la satisfacción de saberse partícipe, volvernos no sólo consumidores del producto, si no también productores a pequeña escala, o mejor dicho, reproductores.


     El Gran Premio de la Academia (Dubai Lynx) de 2013 se lo llevó Dayman Maabaad- Always Together, una producción egipcia que apostó por promover la canción del mismo nombre cantada primero por artistas locales y, poco a poco, por toda la sociedad, con el mensaje de la unidad del país. Llegó a considerarse mejor canción de 2012, y alcanzó 8425463 visitas en YouTube. Invadió periódicos, programas televisivos, y todas las fiestas privadas del momento. Todo esto, antes siquiera de grabar el corto para el que estaba pensada.




El producto: Mobinil, un operador de telefonía móvil en Egipto.
El mensaje: Cantemos por la unidad del país, somos iguales, estemos juntos… ¿llamémonos por teléfono?


    Pero no sólo se consigue publicitar un producto. El ganador del segundo premio de la última edición del Dubai Lynx (2015) tuvo un mensaje político. 
El corto publicitario, Vote for us, we’ll vote for you, es una producción libanesa encargada por KAFA, una ONG que defiende los derechos de la mujer (entre otros), publicitando los derechos de la mujer por una ley contra la violencia doméstica. Básicamente la idea era pintarse el pulgar (como símbolo del voto) de rojo (como signo de la sangre derramada). Las redes sociales se hicieron eco, 20000 red thumbs conseguidos entre Facebook y Twitter, con una repercusión de 1,7 millones de dólares (USD). Se alcanzaron 22 millones de impresiones en Twitter desde 51 países diferentes. La presión mediática consiguió la aprobación de una ley contra la violencia doméstica.




El producto: Los derechos de la mujer, o tal vez la aprobación de la ley contra la violencia doméstica.
El mensaje: Apoya/financia nuestra ONG, hemos conseguido movilizar el Parlamento.


      El corto publicitario que se llevó el Premio de Oro del Dubai Lynx del 2015 fue Keep the Flame Alive, una producción libanesa que optó por promover la plataforma virtual #keepwalkinglebanon con la intención de brindar a los libaneses un lugar virtual en el que ver que son capaces de seguir hacia delante en contraste al futuro negro que se trasmitía desde los medios informativos. El final del corto dice Storms shall always pass, but the fire inside burns on”, un mensaje directo, claro y conciso. Más de 38 millones de impresiones en internet. Considerada por el TheDailyStar como una plataforma para la unidad nacional.





El producto: Jhonnie Walker
El mensaje: Queda en cada uno entender la relación entre el whisky y la esperanza por el futuro de un país.


     Realmente surge la duda de cuántas personas que potenciaron el #keepwalkinglebanon eran conscientes de que estaban llenando los bolsillos a Jhonnie Walker. Hasta qué punto somos conscientes del significado que guarda lo que compartimos en las redes sociales detrás del decorado de la primera impresión. Dónde dejamos de ser consumidores para ser también productores, generadores de la publicidad que consumimos. Cómo encima pagamos el precio de una publicidad fabricada por nosotros... Hasta dónde es moral que usen el drama de un país y su ruptura para inducir al consumo a través de publicidad conmovedora pero enmascarada.

sábado, 9 de enero de 2016

Música y silencio en el desierto.


           El "Festival au Desert" en el exilio       

      

El Profeta “visto” en el cine iraní.



En agosto de 2012 se estrenó en Irán la película Mohammad Rasul Allah (tráiler) del director iraní Mayid Mayidi. El film se basa en los acontecimientos inmediatamente previos al nacimiento del Profeta Muhammad y su llegada al mundo. Está considerada por el director y sus productores como una la película más importante del cine iraní.
Sin embargo, la polémica ha estallado debido a que el Profeta es representado en la cinta. A pesar de que en ningún momento es mostrado de frente y, por tanto, no se le ve la cara, muchas autoridades en el mundo islámico, concretamente las de Arabia Saudí, han protestado contra la emisión de la película debido al conocido tabú islámico sobre la reproducción de imágenes, particularmente las humanas, y más concretamente la del Profeta Muhammad.
El tabú de la representación visual de la imagen del Muhammad es defendida por muchos musulmanes como una forma de evitar desviarse de la adoración a Dios. Sin embargo, estos mismos reconocen que en el Corán no existe una prohibición expresa sobre este tema. Aún así, para la mayoría de los musulmanes (sunníes principalmente), el aniconismo es una tradición inamovible. No obstante, en Irán la visión que se tiene respecto a este tema es completamente distinta.
Muchos consideran que la prohibición de representar al Profeta no empezó hasta los siglos XVI y XVII. De esta forma, existe una extensa obra de miniaturas, la mayoría de ellas compuestas en el siglo XIII, en las que se ve a Mahoma plenamente representado. Puede que no sea casual que la mayoría de ellas proceden de Irán.

Algunos expertos en cuestiones de identidad en el mundo árabo-islámico, como Pierre y Micheline Centlivers, consideran que el Islam chií resulta mucho más flexible a la hora de representar imágenes del Profeta del Islam. De hecho, estos autores desentrañaron el origen de una imagen del Profeta realizada en Irán, que curiosamente se había basado en fotografías de carácter orientalista sobre un niño que se mostraba en una pose sensual y provocativa, con cierto aire homosexual.





Cabe señalar que desde ciertos puntos de vista de la jurisprudencia chií, como la del ayatollah iraquí al-Sistani, la reproducción de imágenes del Profeta está permitida siempre que se haga con respeto.
Sin embargo, a pesar de que el personaje que representa al Profeta en la película de Mayid Mayidi ni siquiera muestra su cara, el Islam sunní, incluyendo algunas de sus más importantes instituciones como la Universidad de al-Azhar, ha protestado enérgicamente. De esta forma, con este asunto ha salido a relucir una de las grandes diferencias de perspectiva que se dan dentro del Islam. Mientras que los chiíes no escatiman en el uso de imágenes de las principales figuras que forjaron el Islam, como el Imam Ali o sus hijos Hasan y Husayn, cuyas muertes se conmemoran incluso con representaciones teatrales (Ta'ziyeh), o incluso películas y series sobre otros personajes religiosos, la mayoría de las escuelas sunníes rechaza plenamente las representaciones física. Sin embargo, estos últimos sí han sido partidarios de los retratos “escritos” denominados hilya.
Entre las caricaturas de Mahoma de la revista Charlie Hebdo y el aniconismo drástico de algunos musulmanes (particularmente del mundo sunní), parece que se ha encontrado un término medio en el cine iraní. Entre otras cosas, esta era una de las intenciones del director de la película.




viernes, 8 de enero de 2016

Beirut Madhun: muros que rompen las fronteras sectarias.


Graffiti de Asmahan

Tomar un bote de espray o una brocha de pintura, elegir un muro vacío y empezar una obra artística: El arte del Grafiti. Este arte se toma muy en serio por parte una nueva generación de artistas beirutíes que quieren romper con la monotonía sectaria con una cultura liberada. No es fácil reconquistar unas paredes que todavía reflejan una guerra civil donde los símbolos partidarios inundan  los muros y los eslóganes garabateados cambian según la zona de la ciudad. Hoy a 25 años del fin de la guerra es todavía bastante sencillo identificar con una mirada la estética de cualquier barrio la fuerza hegemónica que lo controla. Superar estas fronteras históricas y sectarias es el objetivo de grafiteros como Yazan Halwani.

Graffit Fairouz

Graffiti de Sabah
El joven artista explica, en una entrevista para The Guardian, que lo que intenta “es escribir las historias de la ciudad, sobre sus paredes- creando una memoria para la ciudad”. Una memoria que recupera figuras culturales populares que por su magnitud artística empequeñecen el enfrentamiento establecido fomentado por los distintos partidos políticos y gobiernos.
Su estilo es una mezcla, como Beirut. Recurre al clásico arte de la caligrafía islámica para dibujar un aura de inspiración cristiana sobre la cabeza de la amada cantante Sabah. 
Las expresiones faciales buscan emocionar al que pasa frente a los retratados consiguiendo que las miradas o las sonrisas encuentren la empatía, la admiración o la nostalgia de los peatones que los observa.

Graffiti de Mahmoud Darwish
La cantante siria Asmahan, el poeta palestino Mahmoud Darwish, el escritor Yibran Jalil Yibran y la cantante del folclore libanés como Fairouz han sido inmortalizados en las calles por Halwani. Iconos de la memoria nacional o popular, cristianos y musulmanes, que recuerdan la estimada “edad de oro” libanesa donde los cines, teatros y cafés beirutíes eran visitados por intelectuales y artistas de toda la región. Cuando la población civil era inspirada por un gran apogeo creativo que les mantenía unidos.

Graffiti Ali Abdallah

Además de las estrellas artísticas o musicales de Oriente Próximo, el grafitero retrata personas que han sido importantes en la vida cotidiana de la capital. Uno de ellos es Ali Abdallah, un sin techo que vivía en Hamra, muy querido y conocido por parte de los beirutíes que falleció una noche de frío invernal. La obra constituye un tributo a su existencia pero también un recuerdo del drama social que viven muchos como él.
Graffiti Fares al-Jodor

También convirtió en símbolo a Fares al-Jodor, un niño sirio que vendía rosas en el Oeste de Beirut que murió cuando regresó a su ciudad natal. 
Los pésames de cientos de libaneses inspiró al artista a retratarlo para que su sonrisa fuese recordada y para recordar que nadie deja su país sino tiene una buena razón para hacerlo.

Sí, todos son parte de la historia de Beirut. Una  historia que es difuminada por la situación política pero que los artistas se niegan a olvidar. “Seguiré persiguiendo el grafiti, es parte de quien soy, y se ha convertido en parte de mi identidad” afirma el Banksy libanés. Y parece que sus obras de arte, sus iconos, comienzan a ser testigos de la vida cotidiana de los barrios, de la memoria colectiva de sus vecinos, en definitiva de la identidad de Beirut.


Graffiti de Yibran Jalil Yibran

Homeland o la antítesis de ficción posoccidental


Las series de ficción son todo un fenómeno cultural transnacional. Temporada tras temporada logran atrapar a millones de espectadores, de diferentes lugares y variadas realidades; proporcionando a su audiencia, referentes y experiencias comunes que traspasan nacionalidad, clase social, género, religión etc...En este espacio reflexionaremos sobre Homeland, una producción norteamericana de éxito con el terrorismo yihadista como telón de fondo. Teniendo en cuenta el escenario belicista de hoy, la latente atmósfera de miedo y la progresión de la islamofobia en Europa y Estados Unidos, observaremos 1) el modo en que esta serie de ficción trata sobre el islam, los musulmanes y el mundo árabe, 2) el impacto que puede producir en términos de tensión racial o religiosa  y 3) si, en definitiva, contribuye a nutrir al tema actual favorito de intelectuales y tertulianos: el enfrentamiento entre occidente y el islam (que expuso Samuel Huntington, 1993).

Homeland narra la tumultuosa vida una destacada agente de la CIA, Carrie Mathison, especialista en Oriente Medio. Cada capítulo es visto por millones de personas (más de 4 millones por capítulo en EEUU, BitTorrent 2013, en España el último batió records de audiencia, FOX España 2015) (Enlace al tráiler https://www.youtube.com/watch?v=3yBHxsTnIXg )

En la que ha sido su quinta temporada, la acción se traslada a Berlín, una ciudad bajo la amenaza del terrorismo yihadista y escenario de intrigas propias de post-guerra fría. La serie ha introducido un nuevo elemento, el llamado Estado Islámico (Daesh), que prepara un ataque terrorista a gran escala en la capital alemana. Como si de la realidad se tratara, sus protagonistas sentencian “nadie quiere ver otro ataque como el de París” (por Charlie Hebdo) o “no podemos darles el gusto de crear el pánico en nuestras ciudades siempre que lo deseen". Ficción aparte, la serie ha sido emitida en un contexto en el que dominan dos posturas: la que apuesta por una sociedad inclusiva y  multicultural y otra islamofóbica y anti-inmigrante.

Antes de detenernos en algunos de sus elementos más controvertidos, cabe mencionar que Homeland ha sido ya abiertamente criticada por su visión reduccionista y simplista del islam y los musulmanes. Desde un polémico cartel (ver foto anexa) hasta la distorsionada imagen de Islamabad y la población musulmana en Pakistán o la acción de los grafiteros -contratados para ambientar un campo de refugiados, pero que acabaron realizando con sus textos proclamas contra la serie- . El Diario.es entrevistó a uno de ellos (Stone, del colectivo Arabian Street Artists) quien explicaba: “nadie comprobó lo que en realidad estaban escribiendo […] los productores trataron la escritura árabe como un mero complemento visual”. En efecto, el capítulo se estrenó tal cual y las redes sociales ardieron. ¿Cómo nadie del equipo técnico entendió lo que se decía? ¿Desinterés, complacencia o ignorancia, tratándose de un producto destinado a una audiencia occidental? Si es así, cabe preguntarse cómo Occidente sigue obviando la pluralidad de nuestras sociedades. En todo caso, no deja de ser significativo que una serie de esa factura no tenga entre sus guionistas o productores, lingüistas árabes y expertos en islamismo u Oriente Próximo (pues son elementos clave de la serie)

Entendiendo que estamos ante un producto de entretenimiento y que, por tanto, la trama pueda ser llevada al extremo, resulta destacable, no obstante, que encierre tantos prejuicios hacia el islam, los musulmanes y los árabes, entre ellos i) el papel que juegan los árabes en la serie, reducido a terroristas o colaboradores y delatores favorables a la CIA. ii) el islam se muestra monolítico, obviando que tiene presencia en culturas muy diferentes (africanas, surasiáticas y árabes) y distintos orígenes étnicos; la última temporada se centra en Oriente Próximo, que es a su vez un amalgama de culturas iii) al más puro estilo Huntington, la amenaza terrorista que enfrentan las sociedades occidentales es existencial y supone el fin de la “civilización”; iv) sobre el grupo fundamentalista en suelo europeo conocemos su procedencia e intenciones terroristas, pero parece irrelevante de dónde nace su radicalización y si occidente y, en concreto, EEUU ha tenido un rol v) los sirios se muestran como amenaza y su guerra “algo de lo que todo el mundo habla (en la cárcel)”; en ningún momento se reflexiona sobre la integración, los refugiados, sus familias y las diferencias significativas dentro de Siria; vi) no hay ni momentos cotidianos con los que el público musulmán y árabe pueda identificarse ni personajes híbridos en términos culturales y de identidad. Por otro lado, la serie plantea también los límites de la libertad de expresión y los medios contra el terrorismo. Una libertad parcelada que termina siendo necesaria y una respuesta del gobierno que, pese a detenciones ilegales y suspensión de garantías en aras de la seguridad, resultará “inevitable por el bien común”: no importa lo integrados que estén, la sospecha encuentra su razón (racismo cultural). En esta línea cabe preguntarse por los propios valores occidentales y la dificultad al abordarlos ¿no son estas medidas una contradicción contra estos mismos valores? Y en consecuencia, ¿incluyen estos “valores” los daños colaterales?

Para concluir, subrayar que la serie tiene elementos que estigmatizan al islam, pero también al estado de derecho y del bienestar. A su vez, ahonda en las diferencias, dejando poco espacio a la coexistencia. Ahora bien, no hay que minusvalorar al propio espectador, a una audiencia –como hemos visto- activa, que hace su propia lectura y que puede ser muy diferente de la esperada por los creadores. Esto no quita para reclamar que estos productos culturales sean conscientes de la pluralidad de nuestras sociedades, así como una mayor participación de las voces que retratan. No hay que olvidar que nuestros conciudadanos son también árabes y musulmanes, demasiadas veces primeras víctimas de los fanatismos



[1] Se tomará como marco el concepto de Islamofobia del Diccionario de Islam e Islamismo. Luz Gómez. (Espasa, 2009)

jueves, 7 de enero de 2016

¡Luces, cámara, yihad!

Es innegable el poder de influencia que tiene el cine sobre la sociedad.
Podemos afirmar, que el cine no es ni una forma de expresión artística ni una industria que deba moverse bajo parámetros exclusivamente económicos. Es ante todo y por su misma naturaleza un medio de comunicación social; concretamente, aquel que ejerce una influencia más directa y decisiva sobre el individuo y la sociedad ( Puttnam,1983).

Si analizamos la imagen que proporciona el cine acerca de los árabes y el islam, nos encontraremos frente a una batería de tópicos y clichés  que parecen responder a una campaña de desprestigio.
Jack Shaheen, en Reel Bad Arabs analizó 900 películas desde el año 1896 hasta el año 2000  y en la inmensa mayoría los musulmanes, eran presentados de manera negativa. En los últimos 30 años, esta tendencia se ha visto intensificada.




El cineasta sirio-americano Moustapha Akkad, consciente de la inmensa capacidad del cine, intentó a través de sus películas, ofrecer al mundo occidental una visión distinta de los árabes y del islam.
En 1976, dirige y produce El Mensaje (Mahoma, el mensajero de Dios) que narra la vida del profeta Muhammad y el inicio del islam. Como dijo el propio Akkad, esta película supuso para él un reto personal y un deber como musulmán y como inmigrante sirio. Se trataba de ofrecer al occidental una visión diferente del islam alejada de los estereotipos hollywoodienses. Pese a los obstáculos que se encontró para su financiación, finalmente pudo conseguir los fondos para su producción.
En el año 1981, dirige y produce El león del desierto, una película sobre Omar al-Mukhtar, líder de la resistencia anti-colonial en Libia, que fue prohibida en Italia. En esta ocasión contará con financiación por parte de Muamar al Gadafi.



Akkad, sabedor del profundo desconocimiento que se tenía en EEUU del mundo arabo-islámico, así como de la fuerte oposición de Hollywood para mostrar una visión más objetiva, pretendía que sus películas sirvieran de contrapunto.
Durante años, estuvo buscando financiación para realizar una película sobre Saladino, que según él representaba los valores del islam. Lamentablemente, Akkad falleció sin alcanzar este objetivo, víctima en el año 2005 de una acción terrorista en el hotel Grand Hyatt de Amán donde también falleció su hija.


Recientemente, se ha estrenado en Irán Muhammad, the Messenger of God, de la mano del director Majid Majidi, se trata de una superproducción épica que narra los primeros años de vida del profeta y que pretende ser la primera de una trilogía que abarque la totalidad de la vida de Muhammad.
Este es un nuevo intento de difundir una imagen distinta del islam, aunque esta vez desde fuera. Habrá que esperar a ver la difusión que tenga en occidente. Por ahora, ha sido proyectada en el festival de Montreal.


Aunque a día de hoy el cine en los países árabes se encuentra a merced de la inversión europea, no es menos cierto que cada vez son más los cineastas comprometidos.
Si los musulmanes quieren cambiar su imagen en occidente, a través del que posiblemente sea el medio más poderoso, el cine, deberán ser ellos mismos los que trabajen en ese sentido, financiando y produciendo películas que otorguen la dignidad perdida al islam. 

DAESH: Inspiración medieval, semiótica (pos)moderna

Cuando el ex presidiario iraquí Ibrahim Awwad Ibrahim Ali al-Badri al-Samarrai, durante la jutba pronunciada desde el almimbar de la mezquita de Mosul el primer viernes de Ramadán del año 1435 de la Hégira (correspondiente al 12 de Julio del año 2014 d.C.) , se proclamó “Califa de los musulmanes” bajo el nombre de Abu Bakr al-Bahgdadi, y anunció la creación de un “Estado Islámico” entre los territorios de Siria e Irak,  la soñada utopía del fundamentalismo islámico contemporáneo, es decir, la creación de un Califato regido por una desquiciada interpretación de la shari´a, parecía haberse cumplido de forma abrupta, saltándose los tempos y la paulatina estrategia que la organización Al-Qa´ida, había planteado durante décadas como necesaria para la consecución gradual del mismo objetivo.

Y es que, pese a la insistencia de los medios de comunicación en presentar al autoproclamado Estado Islámico o Daesh (según su acrónimo peyorativo en lengua árabe) como un grupo terrorista particularmente despiadado, con ideas y métodos medievales, lo cierto es que tanto investigadores como periodistas sobre el terreno insisten en señalar que su prioridad es crear, en efecto, un Estado asentado y efectivo, aprovechándose del caos geopolítico reinante en Siria e Irak. Este objetivo se manifiesta en el empeño puesto por sus cuadros dirigentes en habilitar una red de servicios públicos básicos, recogida del zakat y administración del gasto público, cuerpos de orden y represión (la famosa hisba), atracción de nuevos y motivados residentes,  y en definitiva, estructuras propias de un Estado que pretende ser eficiente y aspira a tener continuidad.


En este sentido, es conocida la importancia que Daesh otorga a la dimensión estética y semiótica, clave en su estrategia de atraer combatientes extranjeros, canalizada principalmente a través de su sofisticada productora Al Hayat Media Center. En este terreno, su empeño por mostrar al mundo su solidez como Estado se traduce en la adopción de símbolos y elementos definitorios de una comunidad política moderna, de entre los cuales hay dos que son básicos y acompañan a cualquier Estado que se precie: una bandera y un himno.

La bandera de Daesh, que ondea en las calles de su capital, Raqqa, en los edificios públicos, durante las múltiples batallas y en todos sus vídeos propagandísticos, consta de un fondo negro sobre el que, con grafía arcaizante, aparece escrita en letras blancas la primera parte de la shahada: “La ilaha il-la allah”(“No hay más dios que Dios”) . Más abajo, y sobre un círculo blanco delicadamente  irregular, se puede leer la segunda parte de la profesión de fe del islam tal y como figuraba en el sello que, según ciertos hadices, el Profeta Muhammad empleó durante su vida: “Muhammad Rasul Allah” (“Muhammad es mensajero de Dios”), en este caso invirtiendo el orden de las palabras (Allah-Rasul-Muhammad), detalle en absoluto baladí que no está exento de polémica. 

En cuanto al himno, el Estado Islámico se ha valido de un tipo de música vocálica coral recurrente en la tradición islámica, los anashid, y en concreto, de uno titulado Ummati qad laha fayyrun” ( “Oh mi umma, el despertar ha llegado”). Este nashid, obra de un enigmático Abu Yasser, está compuesto de cuatro estrofas de cinco versos, que emplean el tono apelativo de la segunda persona dirigiéndose abiertamente al receptor, que puede ser tanto la umma en general, como cada uno de sus miembros. En su letra, se advierte del esfuerzo de los creyentes por erigir el nuevo Estado y se convoca a los musulmanes a someterse a la autoridad del mismo, donde regirá por fin la ley de Dios, siempre desde un tono heroico y esperanzador.

Lo paradójico de la adopción de estos símbolos, junto a otros muchos elementos de la estrategia de implantación de Daesh (emisión de carnets y pasaportes, censos, boletín oficial) , es que, siendo el autoproclamado Califato un proto-Estado que en principio reniega de las categorías políticas occidentales, basa su legitimidad y legislación en la palabra de Dios plasmada en el Corán, despreciando y destruyendo  las fronteras establecidas por el colonialismo, lo cierto es que, en tanto producto contemporáneo, asume una serie de características y concepciones de la nación emanadas de la Modernidad que son, a día de hoy, ineludibles. El hecho de que los proclamados “enemigos de Occidente” tengan que asumir estas categorías semióticas de origen inequívocamente occidental, no muestra sino el fuerte grado de penetración de la globalización de corte eurocéntrico en la concepción moderna de las comunidades políticas de cualquier ámbito. 



Sin embargo, si bien es cierto que Daesh asume estos símbolos políticos nítidamente modernos, es necesario señalar que en cierto sentido también los supera, generando una nueva dimensión semiótica. Su  discontinuidad geográfica (distintos grupos armados, desde Nigeria a Indonesia, han jurado fidelidad al “Califa Ibrahim), la ruptura de las categorías formales de los viejos estados-nación, sumado al hecho de que su comunidad política se funde principalmente sobre una suerte de  ideología, y no sobre  homogeneidad lingüística o étnica alguna, (en sus vídeos propagandísticos se vanagloria claramente de su carácter interracial), junto a su retórica fundamentalista, anti-nacionalista y anti-moderna parecerían por tanto cuestionar esta tesis y corroborar su cacareada inspiración medieval. No obstante, y desde mi punto de vista, creo que estos elementos, lejos de obedecer a una concepción pre-moderna, son precisamente síntomas reactivos propios de una nueva cultura política que surge plenamente en eso que se ha dado en llamar la posmodernidad.

La Resistencia Palestina: La voz de los oprimidos


La creación del Estado judío supuso la ocupación militar de los territorios palestinos, y con ello, la última y más sangrienta de las colonizaciones del Siglo XX. El monstruo sionista había sido liberado de su jaula de oro, y los palestinos fueron expulsados de sus hogares, sus tierras fueron expropiadas, sus hijos asesinados.
De esta forma nació el movimiento de resistencia palestino que ha dado voz a los oprimidos, a esa población silenciada por la muerte y el terror. Ellos alzan sus voces en protesta por la inexistencia de condena internacional contra la violación de los Derechos Humanos. Aunque el movimiento de Resistencia Palestina, dio sus primeros pasos con el establecimiento del Mandato Británico, donde ya encontramos las primeras protestas y lucha por la liberación, la autodeterminación y la independencia.


Son muchos, en su gran mayoría hijos de la diáspora, los que a través de manifestaciones artísticas llevan a la escena internacional su protesta, su lucha y su sentimiento nacional. Podemos hablar de Emel Mathlouthi o Shadia Mansour, ambas ponen música a ese sentir palestino de un pueblo sin tierra. Shadia Mansour, con un tono combativo expresa que, pueden arrebatarles su tierra pero no sus señas de identidad. Muhammad Khatib o Sami Musa, han realizado recientemente una exposición en Ramalah en la que han utilizado materiales militares israelíes para la creación artística, y expresar el sufrimiento de un pueblo, Y el valor de una resistencia que conlleva esperanza. Otro ejemplo sería el arte urbano que encontramos en el muro del apartheid, en Cisjordania, son pinturas que abren una ventana hacia la luz y la libertad.


Numerosas mujeres palestinas han cultivado el género poético, de gran tradición en la cultura árabe, para mostrar ese dolor por la patria perdida, por el exilio, por el abandono de sus hogares, por las familias divididas. Fadwà Tuqan, fue una de sus principales representantes, Hanan al-‘Ashrawi, poetisa, activista de la Liberación de Palestina, Suheir Hammad, Náhida Izzat, Farrah Sarafa, entre otras muchas. Estas mujeres, dan voz a los desposeídos, a los silenciados, imagen a los difuminados, representación a los olvidados, bajo una poesía intimista, apasionada, dan vida y otros la arrebatan, se lamentan por la situación de su país, muestran un sentimiento desgarrador que determina la existencia del palestino, exiliado, refugiado o prisionero en su hogar, invisible en el mundo, con la certeza inherente a su condición de palestino de que no existe justicia para ellos. A pesar de que existe un movimiento social que defiende y protesta por Palestina, los que tienen el poder hacen oídos sordos mientras ellos mueren dentro de unas fronteras creadas y marcadas por un muro de hormigón.





Rafeed Ziadah, es hija de refugiados palestinos que ha hecho de la Cuestión Palestina su vida, poetisa y activista política, miembro fundador de la Coalición contra el apartheid israelí, promueve la campaña Boicot, Desinversiones y Sanciones a Israel (BDS), es miembro del Comité e Iniciativa Palestina de Boicot Académico y Cultural (PACBI).  Poemas como “Las Tonalidades de la Ira” o “Nosotros enseñamos vida, Señor”, en los que denuncia las masacres que sufren los palestinos en sus tierras, el derecho al retorno, la brutalidad de los ejércitos israelíes, las calumnias propagadas por Israel y sus aliados sobre los palestinos, catalogándolos de terroristas, suicidas. Rafeef se pregunta, ¿Por qué tanto odio? Nosotros, enseñamos vida, Señor…